«El futuro es un nuevo amanecer, porque yo tengo a mi hijo otra vez» |
Carmen Cecilia Mestre es la madre de Juan Carlos López, un integrante de las Farc concentrado en la Zona Veredal de San José de Oriente, Cesar. Recientemente se reencontró con su hijo tras casi 20 años de haberlo visto por última vez. Hoy tienen ante sí un futuro promisorio por el logro de la paz.
Fueron casi 20 años de noches en vela, incertidumbre y zozobra las que padeció doña Carmen Cecilia Mestre, una campesina oriunda de Casacará, Cesar, por cuenta del conflicto colombiano.
Y es que a lo largo de todo ese tiempo -más de siete mil días- esta campesina de mirada noble extrañó a su hijo, Juan Carlos López, ‘el consentido’, como ella lo llama. Él dejó su hogar materno despuntando 1998 para integrar las filas de las Farc. Hoy, gracias a la firma del Acuerdo de Paz entre el Gobierno y ese grupo, pudo reencontrarse con su madre. Nacido también en Casacará hace 38 años, Juan Carlos explica que ingresó a la guerrilla ante la “agresión paramilitar” de la que era objeto su familia. Inicialmente perteneció al Frente 41 de las Farc, luego fue trasladado al Frente 19, en el que hoy. Juan Carlos no conoció a su padre biológico. Por ello fue su padrastro, quien pertenecía al ELN, el que asumió el papel de figura paterna y le inculcó ideas que él califica como “revolucionarias”. Pero eso es historia y poco importa ya para doña Carmen Cecilia. Ella solo tiene ojos para Juan Carlos. Lo mira con amor de madre, con un cariño que más parece devoción. “Yo empecé a buscarlo por la cordillera. Nos dijeron que había un campamento, yo fui hacia allá (…). No fue nada fácil, porque no me daban razón de mi hijo”, recuerda entre lágrimas. De eso ya han pasado casi dos décadas. Asegura que jamás perdió la esperanza de encontrar a su hijo, aunque admite los momentos de angustia que vivía al enterarse de la muerte de guerrilleros en medio del conflicto. “Uno de los guerrilleros muertos, ese es mi hijo”, pensaba en aquel entonces. Pero siempre fuerte, mantuvo la fe. “Yo nunca perdí la esperanza, porque yo siempre preguntaba y me decían, ‘está vivo, está en tal parte’, pero yo no lo veía”, indica. Algo de alivio y esperanza llegaron a doña Carmen Cecilia cuando el Gobierno del Presidente Juan Manuel Santos inició el proceso de paz con las Frac. “Es el único momento en el que uno podía conseguir una esperanza de ver a su hijo otra vez”, subraya. La búsqueda jamás se detuvo en las casi dos décadas que no supo de la suerte de su querido Juan Carlos. Y para ello contó con el concurso de sus hijas. “Ellas todas me han acompañado al proceso. No solamente la búsqueda era mía, sino de ellas también, porque son sus hermanas”, dice con gratitud. Hoy la familia de Juan Carlos ha crecido. Sus hermanas han tenido descendencia, niños y niñas que él no conocía y que han llegado a mitigar el dolor sufrido por doña Carmen Cecilia a lo largo de dos décadas. Esos pequeños ahora podrán gozar del amor de su tío, transformado en el hijo pródigo que volvió con su familia. El reencuentro Hace cerca de un mes, Juan Carlos emprendió las gestiones para ponerse en contacto con su madre. Así obtuvo el teléfono de una de sus primas y se comunicó con ella. Su pariente le dio el número de la casa doña Carmen Cecilia, que hoy vive en Maicao, La Guajira. “Ella me contactó con el número de la casa, que gracias a Dios ese fue el que ayudó a que se diera este encuentro”, narra. Entonces marcó el número mágico y, al otro lado de la línea, estaba la voz de su mamá. Reconoció de inmediato la voz amorosa y emocionada de quien lo trajo al mundo. “Duramos de 10 a 15 minutos conversando y bueno, contentos, alegres, lágrimas se escucharon”, dice con los ojos aguados Juan Carlos. Doña Carmen Cecilia sí cedió a la tentación de las lágrimas al recordar el momento en el que escuchó por primera vez a su hijo. “Me eché a llorar”, dice entre nuevos sollozos. En esa conversación pactaron un encuentro, pero éste se llevó a cabo no sin dificultades. Juan Carlos estaba en algún punto de La Guajira y hasta allí se desplazó con su familia para que finalmente se diera la reunión. Pero cuando ellos llegaron, él ya no estaba allí. Ya había comenzado el proceso de desplazamiento a San José de Oriente, corregimiento de La Paz, en Cesar, junto con sus compañeros del Frente 19 de las Farc para agruparse en la Zona Veredal Transitoria de Normalización allí ubicada. Y llegó el gran día, 8 de febrero de 2017. Doña Carmen Cecilia, cuatro de sus hijas, una sobrina y dos nietos emprendieron el camino rumbo a San José de Oriente. Un trayecto que tomó más de cuatro horas. “Nos levantamos a las tres de la mañana”, relató una de las mujeres. Pero valió la pena. Finalmente el gran momento había llegado. Doña Carmen Cecilia vio a Juan Carlos a lo lejos. Pese a haber estado recientemente hospitalizada por problemas de tensión, comenzó a correr para saludar a su hijo. Se encontraron y en medio de lágrimas de alegría se fundieron en un abrazo que ella deseaba que fuera eterno, interminable. Un abrazo dado con la pureza del amor de madre, dado con el alma. “Una alegría muy, muy grande, muy especial. Verla de nuevo, abrazarla, besarla, sentir el calor de madre que es lo más hermoso que uno puede tener”, dice Juan Carlos al describir ese momento inigualable. Por su parte doña Carmen Cecilia relata que solo quería besar a su hijo. “Me aferré al cuello de él y le di besos, besos, besos. Solamente quería besar a mi hijo”, dice con la voz entrecortada, y reconoce que está cambiado, pero que lo identificó apenas lo vio. “Cuando se fue estaba jovencito. Y ya lo veo maduro”, anota. Madre e hijo tienen las manos entrelazadas. De repente doña Carmen Cecilia, de manera espontánea, libera su mano de la de Juan Carlos y lo mira a los ojos, mientras acaricia sus mejillas. “Lo amo. Yo amo a todos mis hijos, pero él es una pieza especial para mí, porque fueron 20 años en la guerra. Es el consentido mío”, susurra. Sus hijas lloran a cántaros. Emocionada, una de ellas, se recuesta en el pecho de su hermano. Entonces Juan Carlos describe el encuentro con sus hermanas, especialmente una de ellas. “Imagínese, mi hermanita más querida, aquí presente. Me dolió la dejada de ellos, pero ahora que estamos juntos es distinto. Esta paz ha servido para muchas cosas, para estos reencuentros”, subraya. Sus hermanas no llegaron a su encuentro con las manos vacías. Llevaron una bolsa llena de galletas, dulces, queso crema e incluso un teléfono celular para mantener la comunicación hasta ahora reestablecida. Futuro juntos y en paz Los 20 años separados ya pasaron a la historia. Ahora es momento de mirar hacia adelante y recuperar el tiempo perdido. Juan Carlos tiene sueños y expectativas que pueden ser alcanzadas gracias al éxito del proceso de paz. Le gusta la veterinaria, quiere formar una familia y por qué no, tener sus propios hijos. “Me gusta mucho lidiar con animales. Ser un veterinario y tener una familia”, confiesa. Para Juan Carlos, esos anhelos son imposibles de cumplir en una Colombia en guerra. Por eso es enfático al aseverar que no quiere más guerra ni para él, ni para el país. “Que se pare esta guerra, esta guerra lo que trae es perjuicio a la humanidad. Eso es lo que no queremos más. Yo como combatiente de las Farc, no quiero que esto se vaya a presentar más”, señala. Por supuesto que Doña Carmen Cecilia también ve un futuro, pero para ella, éste tiene nombre propio, Juan Carlos. “El futuro es un nuevo amanecer, porque yo tengo a mi hijo otra vez”, dice con firmeza. Doña Carmen Cecilia es una mujer noble y piadosa. Por ende, para ella la alegría de recuperar a su hijo, no es ajena al favor divino y a la búsqueda de la paz emprendida por el Presidente Santos. “Primeramente doy gracias al Señor Jesucristo y al Presidente Santos, porque se ha preocupado por la paz. Porque si no hubiera sido así, yo no hubiera tenido la oportunidad de ver a mi hijo. El Presidente Santos es un hombre demasiado inteligente”, concluye. Sobre las cuatro de la tarde, la familia de doña Carmen Cecilia y Juan Carlos se despidieron afuera de la Zona Veredal. Nuevos abrazos, menos lágrimas y más sonrisas, enmarcaron el momento. Doña Carmen Cecilia se fue de regreso a casa. Pactaron verse de nuevo en el campamento aledaño a la Zona Veredal el próximo 27 de febrero. Ella aguardará ese momento con ansiedad, pero en esta ocasión se va tranquila; tiene la seguridad del nuevo encuentro. La tranquilidad de doña Carmen Cecilia es algo nuevo, no experimentado; hoy goza por vez primera de la Colombia en paz. Por Jesús David Gómez |