La artritis reumatoidea es una enfermedad común en mujeres entre los 50 y 60 años de edad, y una de las razones es porque en este ciclo de vida este grupo poblacional experimenta cambios hormonales como la menopausia, que con su llegada debilita las hormonas femeninas y especial los estrógenos, que al disminuir logran aumentar el riesgo de padecer esta enfermedad.
En el marco del día de las enfermedades reumáticas, Nueva EPS entrega detalles esta patología que se presenta tanto en hombres como en mujeres, siendo más frecuente en el género femenino y que se puede manifestar en cualquier época de la vida, aunque más común entre los adultos mayores.
¿En qué consiste?
La artritis reumatoide es una enfermedad autoinmune, es decir, el sistema inmunitario se convierte en agresor y ataca a los tejidos sanos, pero también inciden algunos factores hormonales que podrían causar la aparición de esta enfermedad como la obesidad, el tabaquismo y el estrés.
Aunque puede tener diferentes manifestaciones por la afectación de diversos órganos del cuerpo, esta enfermedad se puede asociar con una inflamación dolorosa de las articulaciones, principalmente de los dedos de las manos, las muñecas, las rodillas, los pies, los codos, los tobillos, la cadera y los hombros.
Dicha inflamación se presenta, usualmente, en horas de la mañana o después de periodos prolongados de inactividad. Comúnmente, afecta las articulaciones en ambos lados del cuerpo por igual. Otro de los signos característicos de esta patología es la rigidez matutina de las coyunturas afectadas.
Detección, tratamiento y recomendaciones: Para el manejo de la enfermedad, aunque existen pruebas de laboratorio que pueden ayudar a identificar la artritis reumatoide, no hay un examen único que permita confirmar por sí solo el diagnóstico. Si bien esta enfermedad no tiene cura, el diagnóstico temprano y el inicio oportuno del tratamiento médico son fundamentales para controlar suprogresión, reducir la inflamación, aliviar el dolor y prevenir el daño en las articulaciones y otros tejidos.
Para un mejor manejo de la enfermedad, se recomienda seguir las indicaciones del equipo médico, asistir a los controles periódicos, cumplir con el tratamiento prescrito y evitar la automedicación. Asimismo, mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física adaptada a las capacidades de cada persona y consultar oportunamente ante síntomas nuevos o un aumento del dolor y la inflamación puede contribuir a preservar la movilidad, la autonomía y la calidad de vida.



