En 2024, el 56,7 % de los bachilleres de Barranquilla ingresó de inmediato a la educación superior —por encima del promedio nacional—, pero la cifra cobija brechas de calidad, entre otras aristas analizadas por el Observatorio de Educación del Caribe Colombiano.
Su incertidumbre se repite en miles de hogares. De acuerdo con los datos del Ministerio de Educación Nacional, en la medición de tránsito inmediato de 2024, Barranquilla registró 14 900 bachilleres. De ellos, 8.450 ingresaron a la educación superior al año siguiente y 6.450 no lo hicieron de manera inmediata. La tasa llegó a 56,7 %, por encima del 45,9 % nacional, y 9,4 puntos porcentuales más que el 47,3 % observado en la ciudad durante 2021.
Para el Observatorio de Educación del Caribe Colombiano (OECC), adscrito a la Dirección de Docencia de la Universidad del Norte, el avance es evidente, pero el reverso de la cifra también importa: cerca de cuatro de cada diez jóvenes quedaron entre el final del colegio y la búsqueda de una ruta posterior.
No ingresar de inmediato no es abandonar los estudios. Puede implicar buscar financiación, trabajar o asumir responsabilidades familiares. Aun así, es un momento vulnerable, en el que las posibilidades dependen del esfuerzo personal, el dinero disponible, la orientación recibida y el apoyo del entorno.
De acuerdo con el análisis del observatorio, en 2024 la cobertura neta llegaba a 92,24 % en primaria y a 82,40 % en secundaria, pero descendía a 60,26 % en educación media. La distancia entre primaria y media era de 31,98 puntos porcentuales; entre secundaria y media, de 22,14. “El puente educativo se estrecha justo cuando los adolescentes se acercan a las decisiones sobre estudios posteriores o trabajo. A esto se suma la repitencia en secundaria, que pasó de 0,95 % en 2019 a 7,78 % en 2024. Repetir un grado puede significar extraedad, desgaste emocional, mayores costos familiares y un futuro que parece aplazarse”, argumenta Jorge Valencia, director del OECC.
Quienes logran llegar al final del colegio tampoco lo hacen con las mismas herramientas. Los resultados de Saber 11 de 2025 publicados para Barranquilla abarcaron 15 604 estudiantes: 11 993 de establecimientos oficiales urbanos y 3.611 de privados. La ciudad obtuvo 267 puntos globales, frente a 261 de Colombia. Sin embargo, los establecimientos privados alcanzaron 289 puntos y los oficiales urbanos 260, una diferencia de 29. La brecha fue de 9 puntos en Inglés, 7 en Sociales y Ciudadanas, 6 en Matemáticas y 5 tanto en Lectura Crítica como en Ciencias Naturales.
En Inglés, apenas 35 % de los estudiantes oficiales urbanos alcanzó A2, B1 o B+, frente a 63 % de los privados. De acuerdo con Valencia, esa distancia de 28 puntos porcentuales puede reaparecer cuando un joven intenta comprender información técnica, aspirar a un empleo en turismo o presentarse a una convocatoria internacional. También ocurre con otras capacidades: interpretar un contrato, calcular los costos de un emprendimiento o reconocer intereses en conflicto son aprendizajes que acompañan la vida adulta.
Barranquilla cuenta con una oferta amplia de educación superior, aunque la calidad no se distribuye de manera uniforme. En 2024 había 122 652 estudiantes matriculados y 74 529 estaban vinculados con instituciones o programas acreditados, equivalentes al 60,8 %. La situación más delicada aparecía en la formación tecnológica: solo 1.860 de sus 22.355 estudiantes estaban asociados con instituciones o programas acreditados, apenas 8,3 %. La ruta que podría conectar más rápidamente con ocupaciones aplicadas en logística, salud, industria o tecnología es, precisamente, una de las que presenta menor acreditación.
Además, ingresar a la educación superior no garantiza que todas las habilidades pendientes se consoliden. En Saber TyT, 86 % de los evaluados se ubicó en los niveles 1 y 2 de Competencias Ciudadanas y 66 % en esos niveles de Razonamiento Cuantitativo. En Saber Pro, aun entre estudiantes próximos a terminar programas profesionales, 67 % estuvo en los niveles 1 y 2 de Razonamiento Cuantitativo, 65 % en Competencias Ciudadanas y 61 % en Inglés.
Las condiciones económicas también dejan huella. El análisis sobre independencia financiera y desempeño académico realizado por la Universidad del Norte encontró que los estudiantes becados obtuvieron un promedio de 153,56 puntos en Saber Pro, frente a 148,23 entre quienes financiaron sus estudios con préstamos y 145,22 entre quienes utilizaron recursos propios. Las cifras muestran asociaciones, no relaciones causales, pero advierten que estudiar nunca ocurre al margen de la situación económica. Quienes no trabajaban alcanzaron 156,07 puntos, mientras aquellos con jornadas superiores a 30 horas semanales registraron 148,37.
Al otro lado del sistema educativo, en el segundo trimestre de 2025, el desempleo juvenil, entre personas de 15 a 28 años, llegó a 20,1 %, frente a 7,2 % entre los mayores de 29. El empleo juvenil, además, cayó 0,3 % respecto al mismo trimestre de 2024. La informalidad alcanzó 51,2 % en Barranquilla, frente a 40,9 % en el resto de las 13 áreas analizadas, y el ingreso laboral de la ciudad fue 26 % inferior al promedio de esas áreas.
Ante ese panorama, Valeria podría aceptar un trabajo informal, aplazar sus estudios o emprender por necesidad. Ninguna opción es negativa por naturaleza. El problema surge cuando debe decidir sin información suficiente, apoyo financiero, redes o acompañamiento emocional. Más que cupos, Barranquilla requiere fortalecer la educación media, reducir las brechas entre colegios, ampliar becas y subsidios de sostenimiento, mejorar la formación tecnológica y conectar las prácticas remuneradas con el primer empleo. Al caer la tarde, Valeria conserva abiertas las mismas pestañas en su teléfono. Su decisión no depende únicamente del mérito o las ganas. Depende también de que la ciudad convierta la promesa de la educación en una oportunidad que pueda sostenerse hasta el otro lado del puente.

Su incertidumbre se repite en miles de hogares. De acuerdo con los datos del Ministerio de Educación Nacional, en la medición de tránsito inmediato de 2024, Barranquilla registró 14 900 bachilleres. De ellos, 8.450 ingresaron a la educación superior al año siguiente y 6.450 no lo hicieron de manera inmediata. La tasa llegó a 56,7 %, por encima del 45,9 % nacional, y 9,4 puntos porcentuales más que el 47,3 % observado en la ciudad durante 2021.
Para el Observatorio de Educación del Caribe Colombiano (OECC), adscrito a la Dirección de Docencia de la Universidad del Norte, el avance es evidente, pero el reverso de la cifra también importa: cerca de cuatro de cada diez jóvenes quedaron entre el final del colegio y la búsqueda de una ruta posterior.
No ingresar de inmediato no es abandonar los estudios. Puede implicar buscar financiación, trabajar o asumir responsabilidades familiares. Aun así, es un momento vulnerable, en el que las posibilidades dependen del esfuerzo personal, el dinero disponible, la orientación recibida y el apoyo del entorno.
De acuerdo con el análisis del observatorio, en 2024 la cobertura neta llegaba a 92,24 % en primaria y a 82,40 % en secundaria, pero descendía a 60,26 % en educación media. La distancia entre primaria y media era de 31,98 puntos porcentuales; entre secundaria y media, de 22,14. “El puente educativo se estrecha justo cuando los adolescentes se acercan a las decisiones sobre estudios posteriores o trabajo. A esto se suma la repitencia en secundaria, que pasó de 0,95 % en 2019 a 7,78 % en 2024. Repetir un grado puede significar extraedad, desgaste emocional, mayores costos familiares y un futuro que parece aplazarse”, argumenta Jorge Valencia, director del OECC.
Quienes logran llegar al final del colegio tampoco lo hacen con las mismas herramientas. Los resultados de Saber 11 de 2025 publicados para Barranquilla abarcaron 15 604 estudiantes: 11 993 de establecimientos oficiales urbanos y 3.611 de privados. La ciudad obtuvo 267 puntos globales, frente a 261 de Colombia. Sin embargo, los establecimientos privados alcanzaron 289 puntos y los oficiales urbanos 260, una diferencia de 29. La brecha fue de 9 puntos en Inglés, 7 en Sociales y Ciudadanas, 6 en Matemáticas y 5 tanto en Lectura Crítica como en Ciencias Naturales.
En Inglés, apenas 35 % de los estudiantes oficiales urbanos alcanzó A2, B1 o B+, frente a 63 % de los privados. De acuerdo con Valencia, esa distancia de 28 puntos porcentuales puede reaparecer cuando un joven intenta comprender información técnica, aspirar a un empleo en turismo o presentarse a una convocatoria internacional. También ocurre con otras capacidades: interpretar un contrato, calcular los costos de un emprendimiento o reconocer intereses en conflicto son aprendizajes que acompañan la vida adulta.
Barranquilla cuenta con una oferta amplia de educación superior, aunque la calidad no se distribuye de manera uniforme. En 2024 había 122 652 estudiantes matriculados y 74 529 estaban vinculados con instituciones o programas acreditados, equivalentes al 60,8 %. La situación más delicada aparecía en la formación tecnológica: solo 1.860 de sus 22.355 estudiantes estaban asociados con instituciones o programas acreditados, apenas 8,3 %. La ruta que podría conectar más rápidamente con ocupaciones aplicadas en logística, salud, industria o tecnología es, precisamente, una de las que presenta menor acreditación.
Además, ingresar a la educación superior no garantiza que todas las habilidades pendientes se consoliden. En Saber TyT, 86 % de los evaluados se ubicó en los niveles 1 y 2 de Competencias Ciudadanas y 66 % en esos niveles de Razonamiento Cuantitativo. En Saber Pro, aun entre estudiantes próximos a terminar programas profesionales, 67 % estuvo en los niveles 1 y 2 de Razonamiento Cuantitativo, 65 % en Competencias Ciudadanas y 61 % en Inglés.
Las condiciones económicas también dejan huella. El análisis sobre independencia financiera y desempeño académico realizado por la Universidad del Norte encontró que los estudiantes becados obtuvieron un promedio de 153,56 puntos en Saber Pro, frente a 148,23 entre quienes financiaron sus estudios con préstamos y 145,22 entre quienes utilizaron recursos propios. Las cifras muestran asociaciones, no relaciones causales, pero advierten que estudiar nunca ocurre al margen de la situación económica. Quienes no trabajaban alcanzaron 156,07 puntos, mientras aquellos con jornadas superiores a 30 horas semanales registraron 148,37.
Al otro lado del sistema educativo, en el segundo trimestre de 2025, el desempleo juvenil, entre personas de 15 a 28 años, llegó a 20,1 %, frente a 7,2 % entre los mayores de 29. El empleo juvenil, además, cayó 0,3 % respecto al mismo trimestre de 2024. La informalidad alcanzó 51,2 % en Barranquilla, frente a 40,9 % en el resto de las 13 áreas analizadas, y el ingreso laboral de la ciudad fue 26 % inferior al promedio de esas áreas.
Ante ese panorama, Valeria podría aceptar un trabajo informal, aplazar sus estudios o emprender por necesidad. Ninguna opción es negativa por naturaleza. El problema surge cuando debe decidir sin información suficiente, apoyo financiero, redes o acompañamiento emocional. Más que cupos, Barranquilla requiere fortalecer la educación media, reducir las brechas entre colegios, ampliar becas y subsidios de sostenimiento, mejorar la formación tecnológica y conectar las prácticas remuneradas con el primer empleo. Al caer la tarde, Valeria conserva abiertas las mismas pestañas en su teléfono. Su decisión no depende únicamente del mérito o las ganas. Depende también de que la ciudad convierta la promesa de la educación en una oportunidad que pueda sostenerse hasta el otro lado del puente.

