Pese a la pandemia y luego de que Colombia y Argentina dijeron que no podían organizar la Copa América, Brasil se convirtió en sede a último momento. La decisión del presidente Jair Bolsonaro de organizar la Copa América en su país provocó reclamos que llegaron hasta la Corte Suprema. Jorge Diego Quiroga, periodista deportivo dijo en Camilo que en esa decisión hay «intereses creados» y como tal hay «un problema político». Por su parte Fabián Estay, comentarista y analista deportivo dijo que es una falta de respeto que hablaran mal de los deportistas luego de que ellos levantaron la voz para que se pensara en las vidas que se han perdido por la pandemia.

El estadio Mané Garrincha, en Brasilia, acoge este domingo el Brasil-Venezuela del duelo inaugural de una Copa América de Fútbol precedida de muchos sobresaltos. El último, conocido este sábado: doce miembros de la delegación venezolana han dado positivo por covid. Están asintomáticos. Brasil es, tras Perú, el país con la peor tasa de muertos por el coronavirus. Aunque la crisis sanitaria persiste, el presidente Jair Bolsonaro se apresuró a recoger el guante de la Conmebol y la Confederación Brasileña para asumir el campeonato tras las renuncias de Colombia y Argentina, luego de ser pospuesto en 2020 por la pandemia. La Canarinha, liderada por Neymar y que defiende el título logrado en 2019, es la favorita. El campeonato entre las mejores selecciones americanas arranca marcado por la falta de consenso sobre la pertinencia del evento y por una velada amenaza de boicot de los jugadores que no llegó a cuajar.

Como ocurrió con las mascarillas o las vacunas, la Copa se ha visto atrapada en la polarización política brasileña.

Los partidos se disputarán sin público y el plan es que las comitivas estén confinadas en una especie de burbujas sanitarias en este país donde la pandemia ha mantenido las escuelas cerradas durante bastantes más meses que los estadios. Maracaná, en Río de Janeiro, acogerá la final el 10 de julio. Cuiabá y Goania serán las otras ciudades sede.

Los participantes han extremado las precauciones. Los argentinos están concentrados en su país y viajarán a Brasil para cada partido. El campeonato se celebra en el gigante sudamericano después de que las autoridades futbolísticas renunciaran primero a hacerlo en Colombia, por las protestas populares que han colocado al poder contra las cuerdas, y después en Argentina, por la crisis sanitaria del coronavirus.

Tras días de rumores y concluidas las eliminatorias, la selección de Brasil difundió un manifiesto en el que expresaron su descontento pero sin mencionar la pandemia e insistiendo en que no quieren politizar el asunto. “Estamos contra la Copa América, pero nunca diremos no a la selección brasileña”, afirman los jugadores, profundamente molestos porque el traslado de sede se decidió sin consultarles.

Los brasileños defensores de acoger la Copa insisten en que las múltiples ligas del fútbol profesional se celebran desde hace meses y que, por eso, tiene sentido celebrar el torneo; los detractores se apoyan en los casi 480.000 muertos y los 17 millones de casos acumulados, y en el riesgo de una tercera ola de contagios que pronostican los epidemiólogos ahora que Brasil entra en el invierno. La vacunación avanza a trompicones, solo el 14% de la población está completamente inmunizada.

Elpais.com

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