La gente pudiente tienen «amistades» donde quiera que van,el pobre no tiene mucho donde ir no tienen tantas amistades y asi pues consiguen un,una amante

Ricos, casados y con una incontenible debilidad por el sexo con hermosas  mujeres, con hombres bellos. ¿Es un lugar común o las personas con dinero son más infieles? Poderoso caballero es Don Dinero, hace todo cuanto quiero, diría Francisco de Quevedo. Y aunque el ser humano tiene una tendencia natural a la aventura, si el bolsillo está vacío parece que la mejor decisión es quedarse en casa y sosegar la libido con la imaginación,estar con su humilde pareja.
El sociólogo Fermín Bouza, profesor de la Universidad Complutense de Madrid, confirma que el gusto por el escarceo iguala a ricos y pobres, pero en estos asuntos las ganas no son suficientes: «El concepto de infidelidad es poco preciso, pero, efectivamente, esa costumbre se repite más en las clases pudientes e ilustradas. El dinero, como en todo, no es irrelevante, pues permite una libertad de movimientos y de futuro que no existe en ambientes de mayor escasez. Se trata de algo práctico, pero también es parte de la decisión. En las clases populares su sola sospecha o imaginación cobra un dramatismo mayor».


«La clase popular es mas dramatica con el asunto de la infidelidad».


No son elucubraciones. Si miramos, por ejemplo, las listas de clientes de los portales de citas infieles recientemente hackeados o de las redes de prostitución, veremos que están repletas de hombres poderosos y con las cuentas muy abultadas. No obstante, según una encuesta del portal Ashley Madison, el 34% de los hombres y el 40% de las mujeres no necesitan ultrajar la economía familiar porque tienen la osadía de cargar a la empresa los recibos de sus aventuras.
Otro dato que arrojan este tipo de portales es que los infieles normalmente ganan más que sus parejas.

Así sucede en el 54% de las mujeres y el 82% de los hombres infieles. Las muestras no acaban ahí. Illicit Encounters, una compañía dedicada a organizar aventuras extramatrimoniales, descubrió en una de sus encuestas que las tres regiones británicas más infieles están habitadas por multimillonarios. A la cabeza, Maidenhead, una pequeña localidad próxima a Londres. Los responsables de Illicit Encounters coinciden con la idea de Bouza: «Tener amantes suele ser un lujo fuera del alcance de la población obrera o en hogares con alguno de sus miembros en paro. Una infidelidad puede suponer el quebranto definitivo para la economía familiar».
No se puede decir, por tanto, que los ricos tengan un deseo mayor de relaciones amorosas fuera de la pareja, ni que sean más lujuriosos o livianos que los ‘pobres’. La diferencia la marcan los recursos. Recursos para cortejar y engañar sin poner en jaque la aparente estabilidad de su matrimonio:
La bonanza económica permite abrir cuentas separadas y gastar en regalos, hoteles o comidas sin tener que rendir cuentas a la pareja.Su agenda facilita las noches furtivas o las escapadas de fin de semana.

A un empleado corriente le resulta más complicado encontrar una coartada para romper su rutina.La asfixia económica o una situación de apuro económico mata la libido a cualquiera. Aunque esto no significa que los hogares pobres no vivan el amor con igual o mayor pasión.En las parejas adineradas hay un riesgo mayor de desastre sentimental si no se gestionan bien esa libertad y el abanico tan amplio de opciones para disfrutar fuera de la pareja y conocer gente nueva.La estabilidad económica y un buen nivel de vida ejercen una atracción muy poderosa. De hecho, el dinero es el atributo más valorado por las españolas, según una encuesta realizada por la empra Protect&Gamble.

Los sondeos no incluyen qué piensan si el dinero va acompañado de un mal aliento, una actitud grosera o una mala educación.

ElMundo

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