1.La gaita sabanera 

Mi tío Hugo, también me contó de su amigo el compae Juancho. Me dijo que fue un gaitero exquisito de las tierras del eterno verde sabanero. Que su gaita fue la gaita de su apá, y que también fue la gaita de su abuelo. Era la gaita del ruido como un furioso trueno.

Muchos bailaron y muchas bailaban, jóvenes y viejos no dejaban de bailar al escuchar sonido de la gaita del abuelo y del apá de Juancho. Cantos también lanzaban de sus labios enamorados por tales sonidos de la gaita sabanera.

Ella escuchó, al cruzar la calle, el sonido que llegaba a sus oidos campesinos. Me contó mi tío Hugo que María Luisa era su enamorada, que al verlo siempre bailaba de manera ágil al pasar por su casa. Llevaba el canasto con huevos y pan que al caer tortilla se convirtieron.

También me contó que una cabra al escuchar a la gaita sabanera del abuelo y del apá de Juancho, loca se volvió y detrás del lobo corriendo lo sacó del pueblo herido. Lobo, vaca y cabra, los tres corriendo salieron y no volvieron.

Cuentan también los amigos de mi tío Hugo que entraba al pueblo don Pepe y su asno Brito, de brillante pelaje y postura elegante. Pero oyó al gaitero, oyó el sonido de la gaita sabanera y Brito, el asno, tiró la carga y tiró el latigo. Por los aires salieron y chichones y golpes calleron. Don Pepe adolorido tirado sobre el pasto quedó.

Lo bueno de la historia es que desde la loma del pueblo todo lo veía la que sería la esposa de mi tío Hugo: mi tía María Luisa. Ella con todas sus cabras bailaba y bailaba, reía y reía de todo lo que en el pueblo pasaba y ella veía. El sonido de la gaita sabanera feliz le hacía y alegre la ponía.

Mi tío Hugo escuchó el sonido de la gaita del abuelo y del apá de Juancho, su compae. Miró a la cima de la loma y entendió que pronto sería él un pastor y la tía Maria Luisa su pastora. El tiempo en la sabana los pondrá a los dos, cordero y cordera, tal para cual.

El sonido de la gaita sabanera, los unirá.

2.Yoryi, el pescador del horizonte.

¿Se acuerdan de Juancho el Gaitero Sabanero? Pues tenía un hermano ballenero. De esos que cazan ballenas en el mar. Yoryi, que era tan alto como la puerta de la iglesia de la plaza, hace más de veinte años se había marchado a pescar esos grandes y gordos animales de agua.

Juancho le contó a mi tío Hugo que su hermano Yoryi en pleno dia de navidad viajó más de dos mil leguas mar adentro, del gran océano Pacífico, en un día soleado y silencioso. De aguas tranquilas y oscuras. De cielo inmensamente azul y de horizonte marino sin terminar.

– ¡Se asomó, se asomó, capitán! 

La ballena inmensa como la torre del reloj se había asomado por fín. Las horas interminables de espera y de pescadores sudorosos, habían valido la pena. El silencio de las aguas había sido interrumpido por el sonido de tambores que alertaban a la tripulación ante la presencia de colosal animal. La noche ya caía y la estrella de Belén se veía en el firmamento.

– ¡Capitán al agua, Capitán al agua! Gritó uno de los pescadores. El capitán había caído al agua con todo y arpón. El pescador de mirada fija y azulada en un ojo y en el otro un parche de color sucio como la madera vieja de la antigua embarcación, gritaba: Capitán, capitán!: sin soltar la botella de ron.

El animal inmenso como la gran torre del reloj de la ciudad blanca, desapareció dejando atrás el grito de: ¡capitán, capitán! sonando por toda la embarcación. Los pescadores corrieron de un lado a otro, corrieron de sol a luna y de día a noche, pero nadie veía al capitán y tampoco a la increíble ballena.

Nos dijo mi tío Hugo que su compae Juancho, el gaitero, con los ojos bien abiertos, mirando el verde inmenso de la sabana y con voz ronca contó que de repente en un dos por tres el gran pez se asomó otra vez y de un sacudón mandó al barco y tripulación por los aires como bala de cañón.

Y si tú vez a la luna navideña con cuernos en una noche de estrellas de Belén, dijo el amigo de mi tío Hugo, te darás cuenta que allá trepaditos terminaron barco, capitán y pescadores, con arpón y brillo en sus ojos. El capitán con nariz de tomate y los marineros con piel de escamas. 

Y nos dijo, que su compae Juancho, el gaitero, todas las noches de navidad buscaba estrellas para subir por su hermano Yoryi. Y sonaba su gaita con melodias tristes ya que no sabía el camino para ir a la luna de cuernos navideños.

También dijo, que espera debajo del palo de mango que baje una estrella de Belén y le anuncie el regreso de su hermano querido, Yoryi, el pescador del horizonte marino.

Autor: TIO HUGO & PAPA MILT (seudónimo)

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